- ¿Cómo que no? Si ella lo fue todo. Fue las noches que pasamos juntas y las que nunca llegué a tenerla entre mis brazos. Fue sonrisas guardadas en cajones y que deberían reproducirse en exposiciones. Fue tequila, fue sal y yo aún tengo el limón atrapado entre los labios por si algún día se decide. Aún trato de descifrar entre copas algunas de las cosas que me ha dicho y cuando la resaca me pilla desprevenida me planteo si he hecho las cosas bien.
- A ti lo que te pasa es que te encanta ir de masoquista. Prefieres hablar de estrellas y de cosas preciosas que de tormentas y huracanes que desmoronan tu vida.
- Quizás porque mi vida siempre ha sido un caos. Quizás porque este ser romántico que llevo dentro prefiere buscar el lado poético a una situación más bien patética. Quizás por el respeto que les tengo no soy capaz de hablar de las mujeres como desastres meteorológicos.
- Tu respeto a veces raya la idealización.
domingo, 18 de diciembre de 2016
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Estrella fugaz
¿Sabes
esa sensación cuando apagas un cigarro y te das cuenta de que te lo has fumado
tan rápido que no te ha sabido a nada, que no te ha saciado? A veces eso pasa
con la gente, o al menos a mí me ha pasado.
Creo
que tenía tantas ganas de fumar contigo, de conocerte con cada calada y de
saciarme de ti, que he dejado que el hormigueo en la piel me llevase a
encenderte demasiado pronto, a consumirte demasiado rápido y no darte tu
tiempo. Supongo que estas cosas pasan cuando llevas años sin fumar de esta manera,
sin sentir tan adentro este anhelo. Lo he sentido.
viernes, 9 de diciembre de 2016
The Weeknd
Ultimamente me siento un poco así,
como un pitillo colgando entre tus labios, debatiéndome internamente entre el
deseo de que me aprietes entre ellos y el miedo a consumirme antes de tiempo.
Ojalá hubiésemos sabido antes que hay cajetillas que no puedes volver a comprar
una vez se acaban, que cada una es distinta a la anterior y será distinta a la
siguiente. Me quedo con la tranquilidad de que cuando el último pitillo se
encienda habré exprimido al máximo cada calada. Y ojalá puedas tú decir lo
mismo.
lunes, 5 de diciembre de 2016
¿Tiene sentido?
Desisto.
Dimito. Renuncio. Que se pare el mundo que yo me bajo.
Creo
que en algún momento de este año empecé a perder la fe en la humanidad, y en
noches como ésta lo veo ya como algo irreparable. No sé en qué momento sucedió,
o quizás debería decir en cuál de tantos; si fue por las noticias que escuchaba
en televisión o por las que se emitían en mi vida; por las personas que creía
conocer y se mostraban, de forma inesperada, como completas desconocidas ante
mí o por aquellas que, paralizada, observaba escaparse entre mis dedos antes siquiera
de llegar a entenderlas. Puede que el problema sea yo, quizás siempre lo he
sido y solo ahora lo veo.
jueves, 27 de octubre de 2016
La ciudad sin nombre
“I
hate to think about you intertwining your soul with somebody else”
El
otro día alguien me preguntó si hacía mucho tiempo que te había visto, si te
había sentido cerca últimamente, si por casualidad nos habíamos chocado en el
mismo momento, en el mismo lugar. Suelo evitar esas preguntas, suelo callarme y
sonreír como si tuviese todas las respuestas…
Hay
varios momentos en mi memoria en los que he creído encontrarte, normalmente con
unas cuantas copas de más que nublaban mi criterio, casi siempre en alguna de
esas horas en que todo parece distinto, más deslumbrante o más urgente, como si
el mundo fuese a terminarse al salir el sol.
lunes, 22 de agosto de 2016
La única movida que existió en Madrid: Capítulo 4
Reencontrarte con ella fue lo mejor o lo peor que podría
haberte pasado. Pero sucedió. Y todo lo que ocurrió o no desde entonces no
dependió más que de vosotras mismas.
martes, 9 de febrero de 2016
La única movida que existió en Madrid: Capítulo 3
Pasé mi primer mes en Madrid
de bar en bar, de noche en noche. Casi no dejaba tiempo a mi cuerpo para
recuperarse de la resaca; principalmente porque cada mañana que me despertaba
con dolor de cabeza pensaba en cuánto me gustaría tenerte a mi lado. Así que
intentaba volver a dormirme y esa misma noche salía de nuevo. A veces
despertaba sola, a veces no sabía ni dónde estaba y en ocasiones unos brazos
que no eran los tuyos se aferraban a mí cuando los primeros rayos del día se
colaban en la habitación. Podían ser los brazos y las manos más femeninas del
mundo que cuando me envolvían traían consigo una sensación de asfixia. ¿Cómo
podía ser que hubiese vuelto a caer en eso de besar a una chica mientras
pensaba en otra? ¿Cómo era posible que el pasado volviese siempre a mí?
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