¿Sabes
esa sensación cuando apagas un cigarro y te das cuenta de que te lo has fumado
tan rápido que no te ha sabido a nada, que no te ha saciado? A veces eso pasa
con la gente, o al menos a mí me ha pasado.
Creo
que tenía tantas ganas de fumar contigo, de conocerte con cada calada y de
saciarme de ti, que he dejado que el hormigueo en la piel me llevase a
encenderte demasiado pronto, a consumirte demasiado rápido y no darte tu
tiempo. Supongo que estas cosas pasan cuando llevas años sin fumar de esta manera,
sin sentir tan adentro este anhelo. Lo he sentido.