Reencontrarte con ella fue lo mejor o lo peor que podría
haberte pasado. Pero sucedió. Y todo lo que ocurrió o no desde entonces no
dependió más que de vosotras mismas.
lunes, 22 de agosto de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
La única movida que existió en Madrid: Capítulo 3
Pasé mi primer mes en Madrid
de bar en bar, de noche en noche. Casi no dejaba tiempo a mi cuerpo para
recuperarse de la resaca; principalmente porque cada mañana que me despertaba
con dolor de cabeza pensaba en cuánto me gustaría tenerte a mi lado. Así que
intentaba volver a dormirme y esa misma noche salía de nuevo. A veces
despertaba sola, a veces no sabía ni dónde estaba y en ocasiones unos brazos
que no eran los tuyos se aferraban a mí cuando los primeros rayos del día se
colaban en la habitación. Podían ser los brazos y las manos más femeninas del
mundo que cuando me envolvían traían consigo una sensación de asfixia. ¿Cómo
podía ser que hubiese vuelto a caer en eso de besar a una chica mientras
pensaba en otra? ¿Cómo era posible que el pasado volviese siempre a mí?
lunes, 14 de diciembre de 2015
La ruta equivocada
¿Recuerdas
cuándo soñábamos con viajar, con vernos al otro lado del mundo y compartir lo
que nos había separado?
¿Qué cambió?
Tal vez nos hicimos
mayores. Igual con el paso del tiempo fuimos asumiendo que si alguna vez nos
separamos fue por algo. Cuesta creerlo pero es cierto que si observas con
atención durante un momento, si intentas dejar de lado la nostalgia que
acompaña al paso del tiempo, por instantes puedes ser consciente de esa
transformación, de cómo las cosas que antes te hacían sonreír con complicidad
ahora te sacan de quicio y cómo sus manías ya no te parecen tan encantadoras.
jueves, 29 de octubre de 2015
Hello
Cuando son las tres de la mañana y todo el mundo
duerme, la ciudad respira a la espera de un nuevo día. Hoy tenía que atrasar el
reloj y es en esa hora que he ganado cuando más pienso en lo nuestro. Debería
estar dormida hace tiempo pero por alguna razón mi corazón ha elegido esta
noche para ir a mil por hora y mi cabeza es incapaz de frenarlo.
Me
he planteado muchas veces si existirá otra vida paralela en la que supimos
hacer las cosas bien, si tendremos en algún sitio otra historia, sin reproches,
sin reencuentros descafeinados y despedidas agridulces.
Irónicamente
Adele ha sacado “Hello” esta semana; la habré escuchado ya unos quinientas
veces y la letra me llega todas y cada una de ellas.
“I’m in
California Dreaming about who we used to be”
Y
no sé qué me da más miedo, si la posibilidad de levantarme dentro de unos años
y que se me pase por la cabeza hacer o coger esa llamada o la posibilidad de
que no lleguemos a estar nunca en ese punto. Tal vez dentro de unos años sea
tarde, tal vez ya es demasiado tarde.
Ojalá
pudiese hablar con la niña que era yo a los seis o siete años, ojalá pudiese
explicarle todo lo que le viene por delante en la vida… Pero probablemente no
me habría entendido, y aunque así fuera, ¿podría haber frenado algo? ¿O me
habría estampado con más fuerza con las cosas? Mi tendencia generalizada al
caos me lleva a pensar en lo segundo. De todas formas habría estado bien poder
decirle a mi yo más inocente y enano que de todos los amores imposibles que íbamos
a coleccionar a lo largo de estos años, tú ibas a ser el más grande de todos.
“They say that
time’s supposed to heal you. But I ain’t done much healing”
Probablemente
mi versión de entonces se habría reído y se habría ido a jugar al fútbol, así
de simples éramos.
Me
asusta pensar que un día pueda mirarme al espejo y seamos más semejantes de lo
que yo creía, pero sigo aferrándome a la idea de que no sea así, sigo creyendo
ser la cruz de todas tus caras.
Lo
curioso es que ahora estoy en un sitio completamente nuevo, ya no siento que tu
sombra me persiga por las calles haciéndose eco de todo lo que podría haber
sido, ya no la veo en los ojos de la gente que me rodea y no noto en el aire el
peso de las decepciones… no como antes. Y aun así hoy no he podido evitar
escuchar (a esta hora en la que todo está en silencio) esa frase que Adele dice
en su canción y que lleva grabada en mi mente desde hace dos días.
“It’s no secret
that the both uf us are running out of time”
sábado, 15 de agosto de 2015
3 a.m.
A las tres de la mañana he encontrado las
palabras que habíamos perdido; se han juntado con el miedo a decírtelas y con
las ganas que te tengo.
Sigo
cogiendo tus llamadas, sigo leyendo tus mensajes, aunque sea la hora menos
apropiada y el momento más improvisado. Cuando descuelgo el teléfono, cada vez
sin excepción, sigo creyendo que vas a decirme lo que quiero escuchar. Y cuando
cuelgo vuelvo a preguntarme para qué habrás llamado.
No
sé si sabes que al escuchar tu voz sonrío como si me hubiera tocado la lotería,
como si hubiéramos vuelto a ganar la Décima, como si el Orgullo nunca hubiera
acabado en Madrid… Siento los latidos del corazón contra el colchón, el aire me
electrifica la piel y veo a lo lejos las luces de tu sombra; todo en función de
en qué momento me pilles. No sé si notas que cuando me preguntas por mí evito
la respuesta, que tus historias son cada vez más similares, casi como si las
inventaras para tener algo por lo que llamarme. No sé si eres consciente de que
en mis silencios va implícito un reproche, el de lo mucho que me jode el querer
y no poder, el de tenerte a las tres de la mañana pero nunca a las tres de la
tarde.
Dudo
mucho que mis amigas entendiesen la situación o que incluso llegue yo a
entenderla cuando trate de explicármelo dentro de unos años. Mucho me temo
que he vuelto a quererte a escondidas. A las tres de la mañana. Con
la luz apagada y el móvil esperando en la mesilla.
Hay
algo sobre lo que nunca he escrito y sobre lo que nunca te he hablado. Casi
nadie sabe que hace un tiempo creí estar enamorándome de una de mis mejores
amigas. Lo hablé con una de las personas más cercanas a mí, me miró un momento
y me preguntó si hablaba en serio. Reaccionó con una mezcla de pensamientos,
como si por una parte aquello fuera lo último que podría esperarse de mí pero
al mismo tiempo fuese mi paso más natural, el siguiente eslabón hacia la
autodestrucción. Solo ahora creo comprender mi comportamiento: es como si después
de una de tus llamadas hubiese mirado a mi alrededor y hubiese buscado a la chica
más inestable, menos conveniente y más loca después de ti. Pero supongo que en
este caso la realidad no superó a la ficción. Y con el paso del tiempo empecé a
darme cuenta de que sus subidas y bajadas no eran tan mágicas como las de tu
montaña rusa, y que la adrenalina que dejaban a su paso nuestros desencuentros
no era comparable a la de tus labios.
Tengo
la sensación de haber escuchado tu risa en sitios en los que todavía no he
estado. Y a veces creo verte en lugares que sé que jamás pisarías. He llegado
al punto de evitar tu ciudad para no llamarte, de bloquear el teléfono o agotarle la batería para no escucharte; todavía estoy a la espera de una
aplicación que me ayude a no pensar en ti.
Mientras
tanto vivo en un conflicto constante: hay épocas en las que creo que debo besar
mil bocas para volver a la tuya y hay otras en que me propongo no volver a dejar
que una noche, a las tres de la mañana, mis labios vuelvan a caer en tus
trampas. Aunque ahora que lo pienso en la soledad de mi cama, supongo que mi
falsa fortaleza durará tanto como tardes en volver a susurrarme eso de que “las
mejores noches son las que nunca se acaban”.
jueves, 6 de agosto de 2015
Ford Fiesta Gris
He sentido el sol traspasando mi piel,
calentando mis huesos, llenándome el alma. He visto como los rayos bañaban tus
párpados y como tus pestañas creaban surcos invisibles en el aire del verano.
He
visto los paisajes más verdes y más puros que nada que haya podido fumarme
nunca, y las playas más salvajes que nadie haya podido conquistar.
Iba
en el coche observando el infinito por la ventanilla y solo podía pensar en el
Ford Fiesta gris de mi abuelo con el que tantas veces fuimos a la playa. Los
atascos parecían menores en aquella época, las arenas molestaban menos y volver
con el bañador mojado era signo de haber prolongado una tarde que no querías
que acabara. La miro a ella ahora y sé que también desearía que aquellas tardes
nunca hubieran terminado; no es lo mismo ir a la playa ahora que el sol ya no
está.
lunes, 15 de junio de 2015
You know where the city is
Recogíamos
palabras en tiempos de guerra, batallábamos por paces que nunca llegaban.
Cogías aviones que te llevaban a mí y yo reabría puertas cada vez que tú
llamabas.
He
soñado contigo por un tiempo… cuando me aburría la monotonía de mi vida y
pensaba en todas las aventuras que me prometías en silencio, con gritos, con
besos. He pensado en volver a Barcelona, en buscar tu pelo rubio por las
calles, en preguntarle a la gente por ti. Tal vez tú estés haciendo lo mismo.
“Estaba loca y le sentaba
mal beber, solía llorar sin estar triste, paraba el tráfico en la calle”
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