Cuando conocí a Dana los ojos le brillaban como si
hubiera fumado maría toda la noche. Fue hace tanto tiempo que no recuerdo el
año o el mes exactos, pero sí el detalle de los ojos. Era dulce, cariñosa y
sensible. Y guapa, tremendamente guapa. Pero lo que más me impactó fueron sus
ganas de fiesta constantes. Aunque quizás la palabra exacta no sea fiesta sino
aventuras. Dana estaba tan cargada de vitalidad que apenas podía contenerla y
se apuntaba a todo plan, viaje o sugerencia que surgiera a lo largo de los
días. Poco a poco, tras varios meses a su lado, comencé a comprender que esa
era su forma de escapar de sí misma. El cuerpo presente de Dana estaba tan
distanciado de su mente, a tantos años luz de distancia de ese espacio
abstracto donde convergen las ilusiones, las decepciones, los recuerdos, los
sueños cumplidos y los frustrados, los sentimientos nunca expresados, que temí
no conocer nunca ese aspecto suyo, que ambos planos no coincidieran jamás en la
misma dimensión.
lunes, 3 de marzo de 2014
domingo, 6 de octubre de 2013
Reencuentro (tercera parte)
- ¿Por qué no te despediste?
- Por la misma razón por la que me fui.
- ¿Que fue...?
- ¿Conoces la serie "Orange is the new black"?
- No.
- Hummm... Pues en la serie llega un momento en que la protagonista tiene que elegir entre su exnovia Álex y su prometido Larry. Álex es adrenalina, un futuro absolutamente improvisado y la certeza del hoy en exclusiva. Puede hacerte sentir la mujer más especial del planeta o puede hacer que toques fondo y acabes en la cárcel, literalmente. Larry es un amor constante, con menos adrenalina y menos altibajos. Menos intenso quizás, pero más estable. Creo que en toda vida hay un momento en que tienes que elegir entre ambos. Y en cierta forma sentía que vosotras eráis mi Larry, una especie de tabla de salvación, un seguro; luego surgieron los problemas y empecé a dudarlo...
viernes, 23 de agosto de 2013
Reencuentro (segunda parte)
Esperé hasta que se durmió, la acaricié con
la mirada durante unos minutos y finalmente me levanté a las 7am con todo el
cuidado del mundo para no despertarla. Mi avión no salía hasta las dos del
mediodía pero si me quedaba una hora más en esa cama temí no marcharme nunca.
Como todas las mañanas de esa semana me
desenredé de su cuerpo, desnudo en esta ocasión. Me vestí, cogí la maleta y me
fui. Como única despedida dejé una carta dirigida a todo el grupo y una nota
para ella en la mesilla:
"Sabes que si me
necesitas volveré. Avísame si alguna vez te cansas de jugar."
No
sé si se la enseñó a las demás, si les contó o no lo que había pasado esa
última noche, si me odiaban por marcharme así después de acostarnos por primera
vez… Si ella me perdonó por dejarla en la cama y no despertarla.
viernes, 9 de agosto de 2013
Reencuentro (primera parte)
Entro
en el bar al que tantas visitas hice hace años. Me freno en seco mientras ella
me aprieta la mano para transmitirme el valor que me falta. Me encantaría decir
que nada ha cambiado en el local, que todo sigue como en aquellas noches de
fiesta, de conciertos, de partidos; pero no es cierto, por supuesto que ha
cambiado, lo han remodelado y no parece el mismo. Ya nada parece lo mismo.
Las veo en la mesa del fondo y una
sensación de calidez me envuelve el cuerpo. Han pasado más de seis años desde
que acabamos la universidad (algunas antes que otras) y nos marchamos de
Santiago. Entonces cada una comenzó una etapa individual que en mi caso no fue
compartida.
Al igual que el
local todo el grupo ha cambiado desde la universidad. Miro sus caras y me
cuesta reconocerlas, más por la falta de contacto con la mayoría que por sus
posibles cambios físicos. Me doy cuenta de que no sé bien quiénes son, qué han
hecho con sus vidas, si se han casado, si son felices… Comprendo que la única
persona que me conoce bien en esa habitación es la chica que me coge la mano y
que presento como mi prometida. En seguida se da cuenta de que en parte me
arrepiento de haber venido a esta reunión.
martes, 16 de julio de 2013
El frío del día cero
De pronto me di cuenta: con la luz apagada y bajo los efectos de mi borrachera, me susurró en la piel que yo era la mujer de su vida. No lo dijo en voz alta, no lo dijo con palabras, pero lo escuché tan claro como si lo hubiera hecho, quizás más. Tomé algo de distancia, la escasa cantidad que su cama me permitía. ¿Cómo iba a ser yo la mujer de su vida si apenas me conocía? ¿En qué clase de drama barato de Hollywood me encontraba? ¡Hollywood! ¿A quién pretendo engañar? Esta historia no llegaría ni a un kilómetro a la redonda de las colinas de Los Ángeles. Sería carne de cañón de las sobremesas de nuestra televisión, en esos meses en que no se invierte un duro en este espacio.
Y entonces lo supe: al mirar sus ojos yo no veía los de ella, al cerrar los míos imaginaba a otra. La engañaba en su propia cama y quizás eso era lo más triste de todo, lo más rastrero. Nunca le mentí, nunca le hice creer que había más que un simple acuerdo de aplazar nuestra soledad no deseada, nunca deseé que mi soledad se fuera del todo y nunca lo hizo, principalmente porque ambas teníamos demasiados fantasmas. Pero invitar de formainconsciente a otra mujer al único momento íntimo que compartíamos... Eso era otro nivel.
Antes de ese momento ya sabía desde hacía tiempo que no funcionaría: Mientras yo intentaba abrazar con todas mis fuerzas lo que me diferenciaba de la simple mayoría, ella intentaba ocultarlo. Se avergonzaba de todo lo que era y yo estaba en una etapa en que necesitaba justo lo contrario. Se estaba enamorando y yo intentaba dejar de estarlo al mismo tiempo que me daba cuenta de mi situación. Discutíamos, no nos entendíamos, incluso en los escasos momento al principio en que intentaba profundizar nuestras conversaciones rallaban la superficie. Pero más que nada el principal problema era que enseguida me di cuenta de todos los problemas de los que no me estaba hablando, de todos los precedentes y monstruos que acompañaban sus actos. En eso se parecía demasiado a Wendy y yo ni estaba dispuesta ni estaba preparada para pasar por lo mismo.
"Un día todo esto cambiará y el año cero vendrá"
Pero por mucho tiempo que pasara, por mucho que lo hubiera superado, ya no se trataba de eso porque lo importante es que yo no quería volver ahí. Veréis, había un pequeño detalle sinónimo de tontería pero que me hizo pensar aquella noche y todas las que le sucedieron: del mismo modo que Wendy, siempre tenía frío. Eso me llevó a tres años atrás, a ese momento en que al conocer a mi primera novia pensé que hasta físicamente nos complementábamos. Y así era. Yo fui el calor y ella el frío, absolutamente en todo. Pero ahora que había transcurrido cierto tiempo me había dado cuenta de hasta qué punto esa supuesta compatibilidad era errónea: yo siempre tenía que poner más de mi parte, que ceder ese calor y aguantar el frío, pero cuando estaba mal, cuando lo necesitaba, a mí nadie me arropaba. Por eso es una ecuación que no funciona, ni ahora ni hace tres años, ni nunca (al menos para mí). Sobre todo ahora que he conocido el mayor calor posible en otras personas. Es impensable que vuelva a aquello algún día.
Por eso espero que se deje de historias raras y entienda que no es que hiciera nada mal, que no se trataba de inexperiencia o de ir demasiado rápido. Soy la primera que ha ido rápido otras veces. Esta vez, sin embargo, no se trataba del cómo sino de con quién. No sentí lo suficiente para lanzarme, no lo habría sentido ni en un millón de años por muy bien que ella me tratase (que a su manera lo hacía). El problema era más básico: Yo no quería las mismas cosas que ella, no pensaba igual ni me sentía orgullosa de su forma de pensar. Pero, sobre todo, yo pensaba en otra en el único momento en que el mundo entero debía olvidarse. Y eso no hay Dios que lo arregle.
A veces creo que mi propia esencia masoquista no hay Dios que la arregle.
But I'm trying... SO hard.
Y entonces lo supe: al mirar sus ojos yo no veía los de ella, al cerrar los míos imaginaba a otra. La engañaba en su propia cama y quizás eso era lo más triste de todo, lo más rastrero. Nunca le mentí, nunca le hice creer que había más que un simple acuerdo de aplazar nuestra soledad no deseada, nunca deseé que mi soledad se fuera del todo y nunca lo hizo, principalmente porque ambas teníamos demasiados fantasmas. Pero invitar de forma
Antes de ese momento ya sabía desde hacía tiempo que no funcionaría: Mientras yo intentaba abrazar con todas mis fuerzas lo que me diferenciaba de la simple mayoría, ella intentaba ocultarlo. Se avergonzaba de todo lo que era y yo estaba en una etapa en que necesitaba justo lo contrario. Se estaba enamorando y yo intentaba dejar de estarlo al mismo tiempo que me daba cuenta de mi situación. Discutíamos, no nos entendíamos, incluso en los escasos momento al principio en que intentaba profundizar nuestras conversaciones rallaban la superficie. Pero más que nada el principal problema era que enseguida me di cuenta de todos los problemas de los que no me estaba hablando, de todos los precedentes y monstruos que acompañaban sus actos. En eso se parecía demasiado a Wendy y yo ni estaba dispuesta ni estaba preparada para pasar por lo mismo.
"Un día todo esto cambiará y el año cero vendrá"
Pero por mucho tiempo que pasara, por mucho que lo hubiera superado, ya no se trataba de eso porque lo importante es que yo no quería volver ahí. Veréis, había un pequeño detalle sinónimo de tontería pero que me hizo pensar aquella noche y todas las que le sucedieron: del mismo modo que Wendy, siempre tenía frío. Eso me llevó a tres años atrás, a ese momento en que al conocer a mi primera novia pensé que hasta físicamente nos complementábamos. Y así era. Yo fui el calor y ella el frío, absolutamente en todo. Pero ahora que había transcurrido cierto tiempo me había dado cuenta de hasta qué punto esa supuesta compatibilidad era errónea: yo siempre tenía que poner más de mi parte, que ceder ese calor y aguantar el frío, pero cuando estaba mal, cuando lo necesitaba, a mí nadie me arropaba. Por eso es una ecuación que no funciona, ni ahora ni hace tres años, ni nunca (al menos para mí). Sobre todo ahora que he conocido el mayor calor posible en otras personas. Es impensable que vuelva a aquello algún día.
Por eso espero que se deje de historias raras y entienda que no es que hiciera nada mal, que no se trataba de inexperiencia o de ir demasiado rápido. Soy la primera que ha ido rápido otras veces. Esta vez, sin embargo, no se trataba del cómo sino de con quién. No sentí lo suficiente para lanzarme, no lo habría sentido ni en un millón de años por muy bien que ella me tratase (que a su manera lo hacía). El problema era más básico: Yo no quería las mismas cosas que ella, no pensaba igual ni me sentía orgullosa de su forma de pensar. Pero, sobre todo, yo pensaba en otra en el único momento en que el mundo entero debía olvidarse. Y eso no hay Dios que lo arregle.
A veces creo que mi propia esencia masoquista no hay Dios que la arregle.
But I'm trying... SO hard.
Tenerife
Las palmeras de fondo y el sol en la piel. Una canción en tu cabeza que no deja de sonar y que tarareas siguiendo el ritmo con los pies. Un sombrero te protege del sol para que no se te quemen las pocas ideas que aún puedan quedarte.
El ruido del agua de fondo y el reencuentro con uno de tus sabores preferidos en el mundo: Malboro Mentolado.
Y, sobre todo, esa sensación de felicidad tranquila, de absoluta paz contigo misma. No echas de menos a nadie, no piensas en ella, no añoras ningún otro lugar, no esperas ninguna llamada que no va a producirse. Solo estás ahí viviendo ESE momento; y eso es algo que no hacías desde hace mucho tiempo. Te permites, por fin, despegarte de ese peso que te persigue desde hace un par de años... y entonces hasta tu propio cuerpo te parece más ligero. El limón de la Coronia te refresca la vida.
It doesn't get better than this.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Hay días en que renegarías de tu naturaleza impar....
Aprecia lo que tienes aunque lo que tengas no te aprecie a ti.
Quiéreles como si no hubiera mañana.
Oblígate a sonreirles, incluso en el peor de tus momentos.
Se siempre tú.
Entrégate al doscientos por cien, sin reservas ni añadidos.
Espera tanto de la vida como de ti misma.
Piensa tan bien de ellos que no pueda abarcarlo un solo pensamiento.
Recorre la vida de norte a sur, recogiendo a un viajero en cada parada.
Se fiel a tus principios... y a tus finales, perfectamente melancólicos.
Habla de ellos como si acabaran de irse por la puerta, recuérdales como si siguieran aquí.
Borra todos sus mensajes y memoriza sus gestos, sus marcas.
Invítales. Se generosa. Se constante.
Pierde la última mano solo ante un poker de ases.
No les retengas, vendrán solos.
Sáltate los peajes para verles antes.
Estudia los puntos fijos de vuestro mapa incompleto. Cómpletalo.
Aunque tengas que poner más de tu parte.
Porque es probable que si cumples todo lo anterior siempre seas tú quién pone más de su parte.
Ponte en la lista de espera.
Porque si te das cuenta, en todos los verbos anteriores la única persona eres tú. Y la soledad no compartida ya no es tan divertida. Sobre todo cuando has llegado a compartirla con la gente equivocada.
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